Cargando...

La Aterosclerosis: definición, síntomas, diagnóstico y tratamiento

Por ESHE
el 10/03/2021
  • Aterosclerosis

El sistema circulatorio o cardiovascular es una parte esencial de nuestro cuerpo. De hecho, desde bien pequeños, nos enseñan su principal función: llevar oxígeno, nutrientes y hormonas a las células y eliminar los productos de desecho, como el dióxido de carbono.

El recorrido que sigue la sangre siempre va en la misma dirección a través de las arterias y las venas, pero, en ocasiones, se producen taponamientos que pueden impedir que la circulación siga su paso natural.

En este sentido, generalmente, los problemas cardiovasculares se deben a la aterosclerosis, que puede inducir a diferentes enfermedades y patologías, como la ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares.

¿Quieres saber qué es exactamente la aterosclerosis? ¡Sigue leyendo! En este artículo te explicamos qué es, cuáles son sus síntomas, causas, diagnóstico y tratamiento.

 

Definición y síntomas

La aterosclerosis o ateroesclerosis hace referencia a la acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias en el interior y en las paredes de las arterias. De esta forma, aparece cuando las capas internas se colapsan por estas sustancias y se forma una placa que las obstruye. Al formarse esta placa, la pared de la arteria aumenta y pierde su elasticidad, restringiendo el flujo sanguíneo hacia los órganos y los tejidos.

Una de las complicaciones de esta patología es que se desarrolla con una gran rapidez y que afecta a la totalidad de las arterias, tanto las grandes como las de tamaño mediano. Además, la placa de ateroma puede llegar a romperse y, como consecuencia, desencadenar un coágulo de sangre.

La aterosclerosis es se trata de una enfermedad de evolución lenta y progresiva, que puede llegar a manifestarse desde la propia niñez.

Generalmente, al comienzo de la aterosclerosis leve, los síntomas suelen ser casi nulos y no empiezan a mostrarse hasta que una arteria se obstruye o estrecha y, por ende, no puede suministrar sangre suficiente a los tejidos y órganos. Esto provoca un fuerte dolor en el área afectada y puede llegar a producir dificultad respiratoria.

Las zonas afectadas más frecuentes suelen ser la carótida, el corazón, las arterias cerebrales y las de las extremidades inferiores.

Cuando la aterosclerosis es grave, los síntomas dependen del tipo de arteria afectada. Si está en las arterias del corazón, algunos síntomas pueden ser el dolor en el pecho o presión. No obstante, si es en las arterias que llegan al cerebro, puede aparecer entumecimiento o debilidad de manera repentina en los brazos o en las piernas, así como debilidad para hablar o disminución y pérdida temporal de la visión. Si no se trata adecuadamente, todos estos síntomas pueden evolucionar a un accidente cerebrovascular.

Por otro lado, si la aterosclerosis se encuentra en las arterias de ambas extremidades, pueden aparecer síntomas de enfermedad arterial periférica, como la claudicación, y si se encuentra en las arterias que van a los riñones, puede provocar una presión arterial alta o insuficiencia renal.

 

¿Cuáles son las causas de la aterosclerosis?

Conforme el organismo envejece, es muy frecuente que las arterias se endurezcan. Además, las placas se acumulan y las propias arterias se estrechan. De esta forma, en las arterias ya estrechas, los coágulos que se forman bloquean el flujo de la sangre,  aunque también pueden desprenderse fragmentos de la propia placa y desplazarse hacia otros vasos de menor calibre, dificultando el paso del oxígeno y de la sangre.

Lo cierto es que no se conocen las causas exactas de la aterosclerosis, pero sí que existen algunas circunstancias que pueden convertirse en factores de riesgo y provocar la aparición de esta patología, que suele comenzar con daños o lesiones en la capa interna de una arteria. De esta forma, alguna de las posibles causas son:

Una vez se ha dañado la pared interior de la arteria, tanto los glóbulos como el resto de sustancias se suelen acumular en el lugar de la lesión, es decir, en la pared interna de la arteria. Así, con el paso del tiempo, las placas de colesterol y demás productos celulares se acumulan en el lugar de la lesión, haciendo que se endurezca y se estreche el calibre de las arterias, provocando un aporte insuficiente de sangre que lleva a un mal funcionamiento.

 

Diagnóstico y tratamiento de la aterosclerosis

A la hora de realizar el diagnóstico, es importante averiguar los síntomas del paciente y realizarle un examen físico. Tras ello, se le realizarán una serie de pruebas diagnósticas, que son las siguientes:

  • Doppler. Se trata de una prueba de ultrasonidos que consiste en enviar ondas sonoras hacia los vasos sanguíneos para valorar el flujo de la sangre. Así, según si el sonido es débil o nulo, sabremos si hay una obstrucción arterial o no.
  • Cateterización cardíaca. Esta prueba precisa inyectar un contraste en la arteria coronaria afectada y, posteriormente, se realiza una radiografía. Por medio de esta técnica, se pueden ubicar los lugares donde existen estrechamientos u obstrucciones.
  • TAC. Esta técnica es importante realizarla después de que el paciente esté en reposo y haya realizado alguna actividad física, ya que así se puede apreciar qué áreas del corazón están recibiendo sangre insuficiente.
  • Índice Tobillo Brazo. Contrastando la presión sanguínea existente en los tobillos y en los brazos, se puede valorar si existe una buena o mala circulación sanguínea. Si se observa que existe una gran diferencia de presión, puede indicarnos que el paciente padece aterosclerosis.

Los tratamientos son diferentes y varían de un paciente a otro, teniendo en cuenta la edad, el estado de salud o dónde esté ubicada la aterosclerosis. No obstante, lo más frecuente es modificar los hábitos del paciente, es decir, mejorar su estilo de vida a través de una alimentación más saludable, la realización de ejercicio físico y evitando el consumo de alcohol y tabaco.

Otro de los tratamientos es la medicación, como pueden ser los antihipertensivos y la medicación para controlar el colesterol. También están los anticoagulantes para prevenir la formación de coágulos o también los medicamentos antiagregantes plaquetarios, que reducen la capacidad de adhesión de las plaquetas.

Por último, se encuentran los tratamientos quirúrgicos, como puede ser el bypass de la arteria coronaria o la angioplastia, que ayuda a la apertura de las arterias obstruidas.

Para llevar a cabo estos tratamientos, es esencial que los profesionales de la salud estén correctamente formados, tanto en esta patología como en las enfermedades en las que puede desencadenar. Para ello, existen múltiples programas formativos, como el Máster en flebología para enfermería, con el que los profesionales adquirirán los conocimientos necesarios para diagnosticar precozmente y prevenir esta patología.

 

¿Qué complicaciones tiene esta enfermedad?

A la hora de hablar de las posibles complicaciones que tiene esta enfermedad, es importante destacar que estas dependen de las arterias que estén afectadas.

Por ejemplo, si la aterosclerosis afecta a las arterias coronarias y estas se estrechan, puede producir angina de pecho, dolor de pecho, ataque cardíaco o insuficiencia cardiaca.

Por otro lado, cuando esta patología afecta a las arterias carótidas, es decir, las que están cerca del cerebro, puede producirse un accidente cerebrovascular o un accidente isquémico transitorio.

En cuanto a las arterias periféricas, es decir, cuando la aterosclerosis afecta a las arterias de ambas extremidades, pueden existir problemas de circulación en ellas, lo que se conoce como enfermedad arterial periférica. De esta forma, la persona puede notar una mayor sensibilidad al calor y al frío, lo que aumentaría el riesgo de congelación o quemaduras.

Además, la aterosclerosis también puede provocar aneurismas.

A la hora de prevenir esta patología, el aspecto más importante es llevar un estilo de vida saludable. Esto ayudará tanto con su prevención como con su tratamiento. Entre los hábitos saludables se encuentran:

  • No mantener hábitos tóxicos, es decir, consumir tabaco y alcohol.
  • Consumir alimentos saludables.
  • Realizar regularmente ejercicio.
  • Evitar el sobrepeso.

Tabla de contenidos

Utilizamos cookies propias y de terceros para entender y mejorar su experiencia de usuario. Aceptar