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Apendicitis aguda: ¿en qué consiste esta patología?

Por ESHE
el 13/10/2021
  • Apendicitis Aguda

Apendicitis aguda: ¿en qué consiste esta patología?

 

El apéndice es un tubo delgado en la parte inferior derecha del abdomen, donde el intestino delgado se encuentra con el intestino grueso. Históricamente, se ha creído que el apéndice tiene poca utilidad, ya que su función todavía no está clara. De hecho, algunas personas consideran que es un vestigio evolutivo que no proporciona ningún beneficio para la salud.

Esto se debe a que, cuando llama la atención, es porque se ha infectado y provoca lo que se conoce como apendicitis. Precisamente, en este artículo, vamos a centrarnos en esta patología y te contaremos en qué consiste, cuáles son sus causas y complicaciones, diagnóstico, tratamiento y el plan de cuidados.  

 

¿Qué es la apendicitis?La apendicitis es una inflamación del apéndice.

La apendicitis es, prácticamente, una inflamación del apéndice. Su incidencia es máxima entre los 10 y los 35 años, aunque puede observarse a cualquier edad, y se estima que entre el 7 y el 12% de la población general padece apendicitis aguda en algún momento de su vida.

Además, se trata de una emergencia médica que casi siempre requiere cirugía lo antes posible para poder extirparlo. No obstante, y afortunadamente, la persona puede vivir sin el apéndice, cuya función es de tipo inmunológico.

Esto se debe a que forma parte del sistema linfático, la red de ganglios conectados con vasos especiales que transportan la linfa, que contribuye a que el agua y ciertas proteínas regresen al torrente sanguíneo.

Como hemos comentado anteriormente, vivir sin apéndice no conlleva a problemas mayores. De hecho, en ocasiones, se extirpa de forma preventiva para evitar el peligro que supone una apendicitis aguda.

 

Causas y síntomas de la apendicitis

La apendicitis puede tener más de una causa y, en muchas ocasiones, esta no está clara. Así, entre las posibles causas se encuentra un tejido agrandado en la pared del apéndice causado por una infección en el tracto gastrointestinal, enfermedad inflamatoria intestinal, heces, parásitos o crecimientos que pueden obstruir la luz apendicular, trauma en el abdomen

En este sentido, la causa principal que provoca la apendicitis es la obstrucción de la luz del apéndice. Esta obstrucción provoca una acumulación de secreción mucosa, distención del apéndice, compromiso del drenaje venoso y linfático y sobrecrecimiento bacteriano.

Así, la inflamación y el aumento de presión en la luz se percibe por el paciente como un dolor visceral mal localizado, que tiende a ser periumbilical o epigástrico. Esto se debe a que el apéndice y el intestino delgado tienen la misma inervación.

De esta forma, cuando la invasión bacteriana se extiende a la pared del apéndice, la serosa inflamada del apéndice entra en contacto con el peritoneo parietal, reflejando un dolor somático que se origina en el peritoneo y se percibe como el desplazamiento clásico del dolor a la fosa iliaca derecha.

La progresión del edema, secreción o infección lleva a una oclusión del flujo arterial y, finalmente, el incremento de la presión intraluminal provoca una perforación en la pared.

 

La apendicitis puede tener más de una causa.

 

Posteriormente, y de forma paulatina, el dolor se hace continuo y aumenta con los movimientos, la tos y los esfuerzos. Todo esto acompañado de anorexia y leve sensación distérmita.

Por tanto, el cuadro clínico clásico de la apendicitis aguda es un dolor abdominal inicialmente periumbilical o epigástrico, de tipo cólico, seguido de sensación nauseosa y vómitos, provocado por la inflamación del peritoneo visceral.

 

¿Qué complicaciones puede provocar una apendicitis?

Es importante saber que, si no se trata adecuadamente o en el momento apropiado, la apendicitis puede causar complicaciones graves, como, por ejemplo, una perforación, ya que con frecuencia es distal a un fecalito oclusivo, lo que puede dar lugar a una peritonitis difusa.

La apendicitis puede causar complicaciones graves.También puede provocar una obstrucción intestinal, una infección del tejido subcutáneo o fístulas fecales, que generalmente no son complicaciones graves y algunas pueden cerrar espontáneamente.

Otra complicación grave, pero rara, es la pieloflebitis, que consiste en que se desarrollan émbolos sépticos hacia el hígado, originando múltiples abscesos piógenos y produciendo escalofríos y fiebre en picos con dolor en hipocondrio derecho e ictericia. Su diagnóstico se basa en la sospecha clínica y en las pruebas de imagen, principalmente en la tomografía abdominal, ya que tiene una sintomatología muy inespecífica.

 

Diagnóstico y tratamiento

A la hora de hablar del diagnóstico de la apendicitis, es importante destacar que la mayor y más amplia utilización de la ecografía abdominal ha supuesto un avance en su diagnóstico, dando un apoyo especialmente útil en los casos más dudosos. De hecho, ayuda en el diagnóstico diferencial, especialmente con los cuadros de causa ginecológica.

La lista de diagnósticos diferenciales que se han de tener en cuenta ante una sospecha de apendicitis es larga, pero con una detallada anamnesis y una exploración física minuciosa, se puede disminuir el número de diagnósticos erróneos al 10 %, que tras la realización de las pruebas complementarias se reduce todavía más. 

A la exploración física, el paciente generalmente está rubicundo, dolorido, camina despacio y con cuidado para no aumentar el dolor y lo hace con las rodillas flexionadas, evitando los movimientos. Así, en la palpación abdominal, el paciente presenta:

La exploración física puede determinar si el paciente padece de apendicitis.

Por otro lado, los estudios radiológicos simples proporcionan información muy inespecífica habitualmente y solo en ocasiones se pueden evidenciar signos indirectos de proceso inflamatorio en fosa ilíaca derecha.

Una vez realizada una anamnesis y una exploración física minuciosa, y tras el análisis de las pruebas complementarias básicas, se encuentran tres posibilidades:

  • Alta sospecha de apendicitis aguda: se debe avisar al cirujano de guardia.
  • Moderada sospecha de apendicitis: se deben realizar otras pruebas complementarias y/o derivar al paciente al cirujano.
  • Baja sospecha de apendicitis: se da el alta al paciente con observación domiciliaria, advirtiéndole de que no tome analgésicos, antipiréticos ni antibióticos, así como que consulte de nuevo en caso de persistencia de los síntomas.

El principal tratamiento de la apendicitis se basa en la apendicectomía, es decir, es un tratamiento quirúrgico. Cuando el diagnóstico se hace antes de la perforación, se posibilita la curación de la enfermedad con un riesgo mínimo de complicaciones.

No obstante, cuando se retrasa y el apéndice ya está perforado, las complicaciones son mucho más frecuentes, con la consiguiente gravedad y riesgos sobreañadidos, alargamiento de la estancia hospitalaria y necesidad eventual de otras operaciones.

El principal tratamiento de la apendicitis se basa en un tratamiento quirúrgico.Por otro lado, actualmente, el uso de antimicrobianos constituye una ayuda inestimable, ya que proporcionan una sustancial disminución de la morbilidad y la mortalidad. El antibiótico de elección es la cefoxitina o bien un anaerobicida más un aminoglucósido.

El uso preoperatorio de antimicrobianos reduce las complicaciones infecciosas, pero está demostrado que no suele ser tan eficaz cuando han pasado más de 24 horas.

Hay que tener en cuenta que, cuando se utiliza la profilaxis antimicrobiana, los agentes deben ser administrados por la vía más acertada posible para así lograr una duración correcta en el sitio adecuado y en una concentración apropiada, sin tener efectos negativos sobre el enfermo.

 

Plan de cuidados para una apendicitis

Para establecer un adecuado plan de cuidados para un enfermo con apendecitis, lo primero a tener en cuenta es su diagnóstico, que suele ser un dolor relacionado con sensibilidad abdominal, potencial de infección relacionado con la incisión abdominal o apéndice roto y ansiedad relacionada con el malestar.

Así, lo más importante es controlar sus signos vitales, instaurar la vía venosa y administrar la medicación que le haya recetado el profesional de la salud. Además, hay que mantener una posición adecuada para reducir las molestias (normalmente en posición fetal), explicarle al enfermo los cuidados que se van a realizar y la necesidad de intervención quirúrgica y, por supuesto, prepararle para el traslado al hospital.

El enfermo debe saber los cuidados que se van a realizar.

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